Dos manos entrelazadas sobre una manta de lana, una joven y otra de una persona mayor

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Cuidados paliativos en casa, qué son de verdad y cómo se acompaña

Qué vas a encontrar aquí
  1. Qué son los cuidados paliativos y qué no son
  2. Quién puede recibirlos, y por qué no son solo cosa del cáncer
  3. Cómo se piden en España y en la Comunidad de Madrid
  4. Los síntomas que más angustian en casa
  5. Cuando deja de comer, la culpa que ninguna familia merece
  6. Los cuidados de enfermería que sostienen el día a día
  7. Tú, que cuidas, también estás en el plan
  8. Lo que suele pasar en los últimos días
  9. Cómo acompañamos desde duocare
  10. Preguntas frecuentes

Si has llegado hasta aquí buscando cuidados paliativos, probablemente no sea por curiosidad. Puede que sea de noche, que la casa esté en silencio y que lleves semanas durmiendo con un oído puesto. Antes de nada, dos cosas: lo estás haciendo mejor de lo que crees, y no hace falta que lo sepas todo tú.

La respuesta corta: los cuidados paliativos son la atención que se pone en marcha cuando una enfermedad grave y avanzada ya no tiene curación. No significan «ya no hay nada que hacer» ni que el final sea inminente: lo que cambia es el objetivo, que pasa de curar a que la persona esté lo mejor posible. Se pueden recibir durante meses o años, conviven con otros tratamientos y en España forman parte de la sanidad pública, también en el domicilio. Aquí tienes qué son de verdad, cómo se piden, qué se puede hacer en casa y qué suele pasar cuando llega el final.

A quién llamar y cuándo · para tener en la nevera

En horario, para lo del día a día

Dolor que no cede, una medicación que no sabéis dar, una herida, dudas del plan: vuestro equipo de paliativos o el médico de familia.

De noche, en fin de semana o festivo

El teléfono de atención continuada que os deja el equipo. En la Comunidad de Madrid existe además la unidad Pal24, que atiende consultas de pacientes y familias los 365 días.

Algo que no puede esperar

Un cambio brusco que os asusta y no sabéis manejar: 112. En la Comunidad de Madrid, la urgencia en el domicilio la atiende el SUMMA 112.

Antes de que haga falta

Apuntad esos teléfonos en un papel grande en la nevera, con el nombre de quien atiende. A las tres de la mañana nadie se acuerda de dónde guardó la tarjeta.

Esta tarjeta ordena a quién dirigirse; no sustituye a las indicaciones de vuestro equipo. Si os han dado instrucciones concretas para vuestro caso, esas mandan siempre.

Qué son los cuidados paliativos y qué no son

Empecemos por el malentendido que más peso echa encima a las familias, porque hasta que no se deshace, todo lo demás se lee mal.

Son la atención integral que se ofrece a una persona con una enfermedad avanzada, incurable y progresiva, y también a quienes la cuidan. La Sociedad Española de Cuidados Paliativos lo resume en una frase que me parece la más bonita de la profesión: la unidad a tratar es paciente más familia. No sois acompañantes de la enfermedad, sois parte de lo que se cuida.

El malentendido · lo que se entiende y lo que es

Lo que se suele entender

  • «Ya no hay nada que hacer»
  • «Es cuestión de días»
  • «Se deja de tratar»
  • «Es solo para el cáncer»

Lo que de verdad significa

  • Cambia el objetivo, no el cuidado
  • Pueden durar meses o años
  • Conviven con otros tratamientos
  • Valen para muchas enfermedades

Lo dice bien la Estrategia en Cuidados Paliativos del Sistema Nacional de Salud aprobada en abril de 2026: el motivo para activarlos es el sufrimiento que causa la enfermedad, no un pronóstico de meses.

Durante años los paliativos se reservaron de hecho para quien tenía un pronóstico inferior a seis meses. Eso ha cambiado: la Estrategia en Cuidados Paliativos del Sistema Nacional de Salud, aprobada el 9 de abril de 2026, amplía expresamente el enfoque más allá de la fase terminal y pone el foco en el sufrimiento que causa la enfermedad. Traducido: se puede estar en cuidados paliativos y seguir viviendo mucho tiempo, con altibajos y con buenas temporadas.

Y no se deja de tratar: se sigue tratando el dolor, la falta de aire, las infecciones, las heridas, la ansiedad. De hecho, como recuerda MedlinePlus, los cuidados paliativos pueden darse a la vez que tratamientos dirigidos a la enfermedad, y desde el diagnóstico. Lo que se retira, cuando llega el momento y siempre con el equipo médico, son las cosas que ya no aportan bienestar. Que no es lo mismo que retirarse.

Quién puede recibirlos, y por qué no son solo cosa del cáncer

Si tu familiar no tiene cáncer, es fácil que nadie os haya nombrado siquiera la palabra «paliativos». Y sin embargo, hoy sois mayoría.

Los datos de la nueva Estrategia del Sistema Nacional de Salud son contundentes: las enfermedades no oncológicas suponen alrededor del 50 % de las muertes, frente al 25 % que corresponde al cáncer. Es decir, dos casos no oncológicos por cada caso de cáncer. Se calcula además que entre el 1,4 % y el 1,6 % de la población adulta tiene necesidades paliativas en un momento dado.

Hablamos de insuficiencia cardíaca avanzada, EPOC muy evolucionada, demencia avanzada, ELA y otras enfermedades neurodegenerativas, enfermedad renal crónica avanzada, o la fragilidad de una persona muy mayor que arrastra varias enfermedades a la vez. Suelen ser procesos más largos y con más altibajos que el del cáncer, y por eso se identifican peor y llegan más tarde a los equipos: no hay un momento nítido en el que alguien diga «ahora». Para corregirlo, la nueva estrategia integra una herramienta de identificación precoz (NECPAL) en la historia clínica de atención primaria.

Si crees que es el caso de tu familiar, no esperes a que alguien lo proponga: puedes plantearlo tú en la consulta. Y si lo que ves aún es un deterioro lento y difuso, te servirá antes nuestra guía sobre las señales de deterioro que conviene valorar a tiempo.

Cómo se piden en España y en la Comunidad de Madrid

Esta es la parte que casi nadie cuenta con honestidad, así que va por delante de todo lo demás.

Los cuidados paliativos son atención pública y gratuita, y la puerta de entrada es tu médico de familia: es quien conoce el caso, valora la situación y solicita el apoyo del equipo domiciliario especializado cuando se vuelve compleja. Si tu familiar ya está en seguimiento hospitalario, también pueden derivarlo desde allí. El primer paso es siempre pedir esa cita y decir en voz alta lo que está pasando en casa.

En la Comunidad de Madrid, según su propio portal de salud, el mapa de recursos es este:

  • 11 Equipos de Soporte de Atención Paliativa Domiciliaria (ESAPD) de atención primaria, que van al domicilio codo con codo con tu centro de salud y cubren todo el territorio.
  • 5 Unidades de Cuidados Paliativos Domiciliarias (UCPD) concertadas con la Asociación Española Contra el Cáncer.
  • Pal24, la unidad de atención paliativa continuada, que atiende por teléfono las consultas de pacientes y familias los 365 días del año. Es el número al que agarrarse un domingo por la noche.
  • 26 hospitales con unidades específicas y equipos de soporte, por si hace falta ingresar para ajustar síntomas.
  • La urgencia en el domicilio la atiende el SUMMA 112. En pediatría hay una unidad integral en el Hospital Infantil Niño Jesús, con atención en casa 24 horas.

Para información general, la Oficina Regional de Coordinación de Cuidados Paliativos atiende en el 91 586 70 24, de lunes a viernes de 9 a 14 h. Anótalo: es un teléfono que casi nadie conoce y que orienta.

Y dejo clara nuestra posición: nosotras no sustituimos a ese equipo, ni podríamos. Lo que hacemos, cuando una familia nos llama, es sumar manos de enfermería en casa en coordinación con el equipo médico, y sobre todo dar respiro a quien cuida. Primero el sistema público; nosotras, si hace falta más.

Los síntomas que más angustian en casa

Casi ninguna familia llama por «la enfermedad». Llama por un síntoma concreto que no sabe manejar a las once de la noche. Estos son los que más vemos, y lo primero que quiero que te lleves es que ninguno hay que aguantarlo en silencio.

Los seis de siempre · qué son y por dónde se empieza

DolorEl que más miedo da y el que mejor se controla. Pauta fija —no «cuando duela»— más dosis de rescate para los picos.avisa al equipo
DisneaLa sensación de falta de aire. Angustia muchísimo, incluso con el oxígeno bien. Postura, aire y medicación pautada.muy tratable
Boca secaDe los más frecuentes y peor atendidos. El cuidado frecuente de la boca alivia más que cualquier otra cosa.cada 1-2 h
Náuseas y estreñimientoVan juntos más de lo que parece. El estreñimiento se previene desde el principio, sobre todo con opioides.se previene
AgitaciónSuele tener una causa buscable —dolor, retención de orina, un fármaco, fiebre— antes que ser «cosa de la enfermedad».buscar la causa
Falta de apetitoForma parte del proceso. No se corrige forzando a comer, y ahí es donde más sufre la familia.no forzar

Orientativo. Ni las dosis ni los cambios de medicación se deciden en casa: quien ajusta la pauta es el equipo que lleva el caso.

El dolor

Es donde más se puede hacer. La clave que muchas familias descubren tarde es que el analgésico se toma con horario fijo, no «si duele»: esperar a que aparezca para dar la siguiente dosis es correr por detrás. Junto a la pauta fija, el equipo deja unas dosis de rescate para los picos, con instrucciones de cuándo darlas y cuándo avisar. Si notas que el dolor no se controla, no ajustes tú: llama y dilo con esas palabras.

La sensación de falta de aire

La disnea es lo que más pánico genera, porque no hay nada tan primario como ver a alguien que quiere aire. Dos apuntes. No siempre se corresponde con una falta real de oxígeno: se puede tener disnea con la saturación correcta, y sigue mereciendo tratamiento. Y además de la medicación pautada ayudan medidas de andar por casa: incorporar el cabecero, aflojar la ropa, abrir la ventana, un ventilador pequeño dirigido a la cara, bajar la temperatura y que quien acompaña no se ponga nervioso a la vista, porque el miedo se contagia.

La boca seca, las náuseas y la agitación

La sequedad de boca es el síntoma más subestimado del final de la vida, y se alivia mucho mejor con cuidados frecuentes de la boca y los labios que con líquidos: humedecer la mucosa con gasas o un pulverizador, hidratar los labios, ofrecer trocitos de hielo si aún traga con seguridad. Las náuseas piden platos pequeños y los olores fuertes fuera de la habitación.

Y la agitación —no encontrar postura, no reconocer la habitación— casi siempre tiene una causa que buscar antes de asumir que es «la enfermedad»: dolor que no dice, la vejiga llena, fiebre, un fármaco nuevo, poca luz al anochecer. Si lleva sonda y la orina no sale como debe, tienes las señales en la sonda vesical bloqueada o con fugas.

Cuando deja de comer, la culpa que ninguna familia merece

De todo lo que hay en este artículo, esto es lo que más veces he explicado sentada en una cocina, con el plato aún en la mesa. Y casi nadie lo cuenta.

Llega un momento en el que la persona deja de comer. Aparta el plato, prueba dos cucharadas, dice que no tiene hambre. Y en casa se enciende una alarma muy antigua, porque dar de comer es la forma más básica que tenemos de cuidar a alguien. Empiezan los ruegos, «una cucharadita más por mí», la discusión, el llanto en el pasillo. La familia se agota y la persona enferma acaba comiendo por no defraudar.

Lo que dicen las guías de cuidados paliativos, incluida la de la SECPAL, es claro: no debe forzarse la ingesta. La falta de apetito en la enfermedad avanzada no es la causa del deterioro, es una consecuencia. Y forzar no revierte nada: puede provocar náuseas, vómitos y, si la deglución ya no es segura, atragantamientos. La recomendación va al revés de la intuición: porciones pequeñas de lo que le apetezca, cuando le apetezca, y el conflicto fuera de la mesa.

Dejar de insistir con la comida no es dejar de cuidar. Es dejar de pelear con el cuerpo de alguien a quien quieres, y usar ese rato en otra cosa que sí le alivia.

Con la bebida pasa algo parecido, y el dato sorprende a todo el mundo: en la situación de últimos días, la hidratación artificial —el suero por vena o subcutáneo— no ha demostrado prevenir ni aliviar la sed, mientras que los cuidados bucales frecuentes sí alivian la sequedad. Cuando una familia me pregunta «¿y si le ponemos un suero?», la respuesta honesta suele ser que ese suero calma menos que una gasa húmeda pasada con cariño cada media hora. La decisión sobre sueros o sondas es del equipo médico y se valora caso a caso; lo que quiero que sepas es que dejar de forzar no te convierte en mal hijo, ni en mala hija.

Y una frase para la próxima comida: en vez de «come un poco más», prueba con «¿te apetece algo?». Cambia quién manda en la mesa, y baja la tensión de toda la casa.

Los cuidados de enfermería que sostienen el día a día

Mientras el equipo médico ajusta la medicación, lo que de verdad ocupa las horas en una casa es esto otro, mucho más humilde y mucho más decisivo para el bienestar.

La piel y los cambios posturales

Quien pasa muchas horas en la cama o en el sillón tiene la piel en riesgo desde el primer día. La prevención es aburrida y funciona: cambios de postura regulares, sábanas sin arrugas, vigilar sacro, talones, caderas y orejas, hidratar la piel y no arrastrar al mover. Lo tienes paso a paso en las úlceras por presión en casa, y para tu espalda, en cómo mover a una persona dependiente sin lastimarte. Un matiz para esta etapa: si en los últimos días mover a la persona le provoca dolor, el confort manda sobre el reloj, y eso se habla con el equipo.

La higiene y la medicación

El aseo deja de ser una ducha y pasa a ser un cuidado en la cama, y ahí lo que más se juega no es la limpieza sino la intimidad: avisar antes de cada gesto, destapar solo la zona que se lava, cerrar la puerta, subir un poco la calefacción, pedir permiso aunque parezca que no responde. La ropa abierta por delante ahorra maniobras dolorosas, y si hay pañal, la piel necesita crema barrera en cada cambio.

Con la medicación, el mejor invento del mundo es un papel con la pauta escrita —fármaco, hora, para qué es— y una caja de compartimentos: cuando llega el cansancio, la memoria falla. Anota qué le has dado y a qué hora, sobre todo las dosis de rescate, que es lo que el equipo te va a preguntar. Y si hay sonda vesical, la higiene diaria y las señales de alarma están en cuidados de la sonda vesical en casa.

Tú, que cuidas, también estás en el plan

Recuerda la frase de antes: la unidad a tratar es paciente más familia. No es un adorno del manual, es literal.

El agotamiento de quien cuida tiene nombre propio: claudicación familiar. Sus causas están descritas desde hace décadas —la sobrecarga de tareas, la impotencia ante un deterioro que no se puede parar, los conflictos familiares antiguos que reaparecen y la falta de apoyo profesional—. Que tenga nombre significa dos cosas importantes: que es previsible y que no es un fallo tuyo. Le pasa a quien cuida bien, precisamente porque cuida.

Las señales suelen ser las mismas: dormir mal aunque haya rato para dormir, llorar por cosas pequeñas, irritarse con la persona enferma y después sentirse fatal, dejar de ver a tus amigos, dejar tus propias citas médicas, pensar «no puedo más» y no decírselo a nadie. Si te has reconocido en dos o tres, no lo dejes correr. Dilo en voz alta al equipo, que da apoyo a familias y cuidadores —también en el duelo— y no puede ayudarte con lo que no sabe. Reparte, aunque el reparto sea imperfecto. Y mide cómo estás con algo más objetivo que tu sensación de que «hay que aguantar»: para eso tienes el test de sobrecarga del cuidador, privado y en dos minutos. Si lo que te falta es permiso para descansar, léete cómo organizar el relevo del cuidador sin sentir culpa. Pedir ayuda no es fallar.

Lo que suele pasar en los últimos días

Voy a contarte esto con cuidado, porque sé que quizá estás leyéndolo justo ahora. Lo cuento porque casi nadie lo cuenta, y porque no saberlo asusta mucho más que saberlo.

Lo más honesto primero: nadie puede decirte cuánto va a durar. Los equipos evitan dar fechas porque se equivocan a menudo, en los dos sentidos. Lo que sí se puede describir es qué cambios son esperables, para que cuando los veas sepas que forman parte del proceso y no de un error vuestro.

La persona duerme cada vez más y cuesta despertarla; los ratos de conversación se acortan. Deja de comer y de beber casi del todo, por lo que te contaba antes. La respiración se vuelve irregular, con pausas y ritmos que cambian, y eso, aunque impresiona de ver, no significa que esté sufriendo.

Puede aparecer un ruido de secreciones al respirar —lo llamamos estertores— que suena angustioso. La evidencia aquí es muy tranquilizadora: es un signo que estresa mucho más a la familia que a la propia persona, y no se resuelve aspirando de rutina, sino con un cambio de postura de lado y cuidando la boca.

Las manos y los pies se enfrían, la piel cambia de color y orina menos. A veces hay momentos de desorientación o inquietud.

Qué se puede hacer, que es lo que importa: bajar las luces, quitar el ruido, mantener la boca húmeda, cambiar de postura con suavidad, dar la medicación pautada sin saltarse horas, y estar. Los equipos recomiendan seguir hablándole con naturalidad y cuidar lo que se dice a su lado, aunque parezca que no se entera. Y si algo os inquieta —dolor que parece no controlado, agitación, una respiración que os alarma— se llama: para eso existe el teléfono de atención continuada y, en Madrid, Pal24.

Y una última cosa que digo siempre. No hace falta que estés en la habitación en el instante exacto. Hay personas que parecen esperar a quedarse solas un momento, y hay familias que llevan años cargando con la culpa de haber salido a por un café. Si has estado, has estado. Eso no te lo quita nadie.

Cómo acompañamos desde duocare

Esta parte va al final a propósito, después de contaros toda la vía pública. Solo por si algún día os hacen falta más manos y queréis saber que existimos.

Nuestro sitio aquí es concreto y modesto: manos de enfermería en casa, en coordinación con el equipo médico que lleva el caso. Enfermeras colegiadas que van a domicilio en toda la Comunidad de Madrid para las curas, la sonda, la higiene y el seguimiento de la piel, y que de paso resuelven las dudas de la familia sin reloj. Vamos de ropa de calle, sin uniformes ni coches rotulados, porque en algunas casas eso también importa. Llevamos más de 1.000 atenciones a domicilio y estamos localizables a cualquier hora, cualquier día.

  1. Nos contáis el caso por WhatsApp o por teléfono, sin compromiso: con quién estáis ya en contacto y qué es lo que no llegáis a cubrir.
  2. Vamos a casa y valoramos con calma, sea una visita puntual o un acompañamiento sostenido. Así es una valoración de enfermería a domicilio.
  3. Nos coordinamos con vuestro equipo, nunca por encima de él, y os dejamos por escrito lo que hacemos. Aquí, el detalle del cuidado de pacientes en casa.

La hoja de la nevera

duocare · guía rápida

  • Equipo de paliativos / ESAPD: ________________ — teléfono: ________________
  • Médico de familia y centro de salud: ________________ — teléfono: ________________
  • Atención continuada (noches y festivos): ________________ — en Madrid, unidad Pal24
  • Urgencia que no puede esperar: 112
  • Medicación de rescate: ____________ — última dosis a las ______ (anotarlo SIEMPRE)
  • Cuidados de la boca: cada 1-2 h. Alivian la sequedad mejor que los líquidos.
  • Comida: porciones pequeñas de lo que le apetezca. No forzar.
  • Lo que él o ella ha pedido: _________________________________
  • Cuida hoy: ____________ · releva mañana: ____________

Dudas o una enfermera en casa: duocare · 614 78 75 46 · WhatsApp 24/7

Y si has llegado hasta aquí de madrugada, buscando qué hacer: apunta los teléfonos, humedécele la boca, baja la luz y siéntate a su lado. Mañana se piden las cosas. Esta noche, con eso basta.

Preguntas frecuentes sobre los cuidados paliativos

¿Qué son exactamente los cuidados paliativos?

Son la atención integral que se ofrece a una persona con una enfermedad grave, avanzada y que ya no tiene curación, y también a su familia. Su objetivo no es prolongar la vida ni curar la enfermedad, sino aliviar el sufrimiento y cuidar la calidad de vida: el dolor y los demás síntomas físicos, pero también lo emocional, lo social y lo espiritual. Los da un equipo con médicos, enfermeras, trabajadores sociales y psicólogos, y pueden recibirse en el hospital o en el propio domicilio.

¿Cuidados paliativos significa que ya no queda nada por hacer?

No. Es el malentendido más extendido y el que más daño hace. Lo que cambia es el objetivo: se deja de perseguir la curación y se pasa a que la persona esté lo mejor posible el tiempo que le quede, sea el que sea. Se sigue tratando el dolor, la falta de aire, las infecciones o las heridas, y de hecho los cuidados paliativos pueden darse a la vez que otros tratamientos dirigidos a la enfermedad. Hay muchísimo que hacer, solo que se hace con otra brújula.

¿Cuánto tiempo puede estar una persona en cuidados paliativos?

No hay una duración fija. Pueden ser días, pero también meses o años. Durante mucho tiempo se reservaron para quien tenía un pronóstico inferior a seis meses; la Estrategia en Cuidados Paliativos del Sistema Nacional de Salud aprobada en abril de 2026 amplió expresamente ese enfoque más allá de la fase terminal, y sitúa el sufrimiento causado por la enfermedad —no el pronóstico— como el motivo para activarlos. Nadie puede darte una fecha, y un equipo honesto no lo hará.

¿Los cuidados paliativos son solo para enfermos de cáncer?

No. En España las enfermedades no oncológicas suponen alrededor del 50 % de las muertes frente al 25 % del cáncer, es decir, dos casos no oncológicos por cada caso de cáncer. Insuficiencia cardíaca avanzada, EPOC, demencia avanzada, ELA, enfermedad renal crónica avanzada o la fragilidad de una persona muy mayor con varias enfermedades también generan necesidades paliativas, muchas veces durante procesos más largos y con altibajos.

¿Cómo se piden los cuidados paliativos a domicilio en la Comunidad de Madrid?

La puerta de entrada es el médico de familia del centro de salud: él valora la situación y solicita el apoyo del equipo domiciliario cuando hace falta. La Comunidad de Madrid dispone de 11 Equipos de Soporte de Atención Paliativa Domiciliaria (ESAPD) de atención primaria y 5 Unidades de Cuidados Paliativos Domiciliarias concertadas con la Asociación Española Contra el Cáncer, además de la unidad Pal24, que atiende consultas telefónicas de pacientes y familias los 365 días. Es atención pública y gratuita. Para información general existe la Oficina Regional de Coordinación de Cuidados Paliativos, en el 91 586 70 24 (de lunes a viernes, de 9 a 14 h).

¿Hay que obligar a comer a una persona en cuidados paliativos?

No, y esto libera a muchas familias de una culpa enorme. En la enfermedad avanzada la falta de apetito forma parte del proceso, y las guías de cuidados paliativos recomiendan expresamente no forzar la ingesta: mejor porciones pequeñas de lo que le apetezca, sin conflicto alrededor de la comida. Al final de la vida, además, la hidratación artificial no ha demostrado prevenir ni aliviar la sed, mientras que unos cuidados frecuentes de la boca sí alivian la sequedad. Comentadlo siempre con vuestro equipo, que conoce el caso.

¿Qué es la sedación paliativa y quién la decide?

Es la disminución deliberada del nivel de consciencia con medicación, cuando un síntoma se vuelve insoportable y no se puede controlar de ninguna otra forma. Es una decisión médica, valorada por el equipo que atiende a la persona y consensuada con ella si puede expresarse, o con su familia si no. No la decide la familia por su cuenta, ni la enfermera, ni se aplica "para acelerar" nada: no es lo mismo que la eutanasia, que en España tiene una ley y un procedimiento propios. Si es una duda que os ronda, planteádsela directamente a vuestro equipo de paliativos.

Contenido informativo revisado por una enfermera colegiada. No sustituye las indicaciones de tu equipo médico: ante cualquier duda sobre tu caso, consúltalas siempre.

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