Mesa junto a una cama de casa con un vaso de agua y una jeringa preparada, con luz suave

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Sonda nasogástrica en casa, la guía que nadie os dio al alta

Qué vas a encontrar aquí
  1. Qué es y por qué no es la sonda que estás pensando
  2. La marca, el gesto de seguridad que cabe en un segundo
  3. Lo que has visto hacer y ya no se hace
  4. Cómo se da una toma sin sustos
  5. La medicación por sonda, que tiene sus reglas
  6. Se ha atascado, y lo que circula por internet no vale
  7. La nariz, la boca y la piel que nadie mira
  8. Cuándo hay que parar y llamar
  9. Que no dependa todo de vosotros
  10. Preguntas frecuentes

El alta hospitalaria de una persona con sonda nasogástrica suele ser una conversación de diez minutos en un pasillo, con un familiar que asiente sin enterarse de nada y un papel doblado en el bolsillo. Y esa misma noche, en casa, a las nueve, hay que darle la cena.

Como enfermeras que entramos cada semana en casas de toda la Comunidad de Madrid, esta escena la vemos mucho, y siempre con el mismo denominador común: gente que lo está haciendo lo mejor que puede con una información que nadie le dio bien. Así que esto es lo que nos gustaría que os hubieran contado en ese pasillo.

La respuesta corta: el gesto de seguridad más importante es también el más sencillo, la marca —una señal en la sonda a la salida de la nariz que se mira antes de cada toma—. La persona va bien incorporada durante la toma y un rato después. La sonda se lava con agua antes y después de cada toma y de cada medicación, y eso evita casi todos los atascos. Lo de meter aire y escuchar con el fonendo, que muchos habéis visto hacer, ya no se considera fiable. Y si se atasca, agua tibia y paciencia, nunca fuerza.

Qué es y por qué no es la sonda que estás pensando

Empecemos por deshacer la confusión más frecuente, porque en las casas se mezclan constantemente dos aparatos que no tienen nada que ver.

La sonda nasogástrica entra por un orificio de la nariz, baja por la garganta y termina en el estómago. Sirve para tres cosas: alimentar, hidratar y administrar medicación a una persona que no puede tragar con seguridad. Se pone cuando la deglución falla —después de un ictus, en algunas enfermedades neurológicas, en ciertos tratamientos— y casi siempre como solución temporal.

La sonda vesical no tiene nada que ver: va a la vejiga, sirve para sacar orina y sus problemas son otros completamente distintos. Si has llegado aquí buscando aquello, lo tienes en los cuidados de la sonda vesical en casa y en qué hacer cuando la sonda vesical se bloquea o tiene fugas. Y si el problema es que no orina, en la retención de orina y el globo vesical.

Una cosa más antes de entrar en materia, y la digo porque en casa hace falta oírla. Que a alguien le pongan una sonda para comer es un momento duro para toda la familia: se cruza con el miedo, con el duelo por lo que ya no es y con la sensación de estar haciendo algo antinatural. No es antinatural. Es una forma de seguir cuidando a alguien cuando su cuerpo ya no puede hacer una cosa concreta, y hacerlo bien tiene mucho más mérito del que os estáis reconociendo.

La marca, el gesto de seguridad que cabe en un segundo

Si de todo el artículo solo te llevas una cosa, que sea esta. Es lo que hacemos las enfermeras antes de tocar nada.

Cuando se coloca la sonda, se marca en el propio tubo el punto exacto por donde sale de la nariz —con un rotulador indeleble, con la tira de esparadrapo o con la señal impresa que ya traen algunas—. Esa marca es la referencia. Si la sonda se ha movido hacia dentro o hacia fuera, la marca lo delata al instante, y una sonda desplazada es lo único de verdad peligroso de todo este asunto.

Antes de cada toma · mirar la marca

la marca está donde estaba nariz marca se puede usar la marca se ha movido marca se ha salido no usar, llamar

Esquema explicativo, no anatómico. Si la marca no está donde estaba —hacia fuera o hacia dentro—, la sonda no se usa hasta que alguien la valore. Y si no encontráis la marca porque se ha borrado, avisad para que os la repongan.

La comprobación de referencia, la que hacemos nosotras, es otra: aspirar un poco de contenido del estómago y medir su acidez con una tira reactiva, porque un contenido ácido confirma que la punta está donde tiene que estar. Si en vuestro caso el equipo os ha dado tiras y os ha enseñado a hacerlo, perfecto. Si no, la marca y el sentido común son vuestra herramienta, y la duda se resuelve con una llamada, no usando la sonda «a ver qué pasa».

Lo que has visto hacer y ya no se hace

Merece un apartado propio porque es de las cosas que más se repiten en casa por imitación, con toda la buena intención del mundo.

Mucha gente ha visto en un hospital, hace años, cómo alguien inyectaba un poco de aire por la sonda y escuchaba con el fonendoscopio sobre el estómago para confirmar que estaba bien puesta. Se hizo durante décadas y se sigue viendo en vídeos por internet.

Las guías actuales dicen expresamente que ese método no es fiable y no debe usarse. El motivo es sencillo y serio: el ruido puede oírse igual aunque la sonda no esté donde debería, así que da una falsa seguridad justo en el momento en el que más falta hace estar seguro. Si alguien de la familia lo hace por costumbre, este es un buen momento para contárselo.

Lo mismo con la idea de «probar con un poco de agua a ver si pasa bien». No comprueba nada y, si la sonda no está en su sitio, es precisamente lo que no hay que hacer.

Cómo se da una toma sin sustos

El orden importa más que la técnica. Estos son los pasos tal como los hacemos, y por qué cada uno está donde está.

La rutina de cada toma

  • Manos limpias y material a mano. La jeringa, el agua y la toma preparada antes de empezar, para no dejar nada a medias.
  • Incorporarla bien. Sentada o con el cabecero bien levantado. Nunca tumbada del todo: es lo que más previene que el alimento se vaya por donde no debe.
  • Mirar la marca. Un segundo. Si no está donde estaba, se para aquí.
  • Lavar con agua antes. Comprueba que la sonda pasa bien y la prepara.
  • Administrar despacio. Sin prisa y sin forzar el émbolo. Si aparece tos, náusea o se pone incómoda, se para.
  • Lavar con agua después. El paso que más atascos evita y el que más se salta cuando hay prisa.
  • Dejarla incorporada un rato. No acostarla justo al terminar, aunque tenga sueño.

Las cantidades, el ritmo y el tipo de preparado los indica su equipo de nutrición y son distintos en cada persona. Aquí no encontrarás cifras a propósito: seguid las de su pauta.

Y una observación de oficio sobre la postura, porque es donde más se afloja con el paso de las semanas. Al principio todo el mundo la incorpora con cuidado; al mes, cuando ya es rutina y son las once de la noche, se empieza a dar la toma con el cabecero un poco más bajo «que total, es un momento». Ese es exactamente el hábito que conviene no dejar entrar en casa, porque cuando algo sale mal por ahí, sale mal de golpe.

La medicación por sonda, que tiene sus reglas

Es la parte que más problemas da y la que peor se explica al alta. Tres reglas y una advertencia.

Una cosa cada vez. Los medicamentos se dan de uno en uno, con un lavado de agua entre uno y otro, nunca todos machacados juntos en la misma jeringa. Mezclados pueden reaccionar entre sí, apelmazarse y formar el tapón que después no hay quien deshaga.

No todo se puede triturar. Hay comprimidos con una cubierta que los protege del ácido del estómago y otros diseñados para liberar el efecto poco a poco durante el día. Al machacarlos se destruye ese mecanismo: en el mejor caso el fármaco deja de funcionar, y en el peor la persona recibe de golpe una dosis pensada para doce horas. Antes de triturar nada nuevo, preguntad a su médico o a su farmacéutico.

Preguntad por la versión líquida. Muchos fármacos existen en jarabe, en gotas o en sobres, y eso resuelve el problema de raíz. Es una pregunta que casi nadie hace y que suele tener buena respuesta.

La advertencia: no añadáis por vuestra cuenta ni suprimáis nada porque «así entra mejor». Cambiar cómo se administra un fármaco es cambiar el fármaco, y esa decisión no es doméstica.

Se ha atascado, y lo que circula por internet no vale

Pasa, y casi siempre a la peor hora. Esto es lo que sí se hace y lo que conviene no hacer nunca.

Lo que sí. Parar y no forzar: si empujas el émbolo con fuerza puedes reventar la sonda o desplazarla, y entonces tienes dos problemas en vez de uno. Después, agua tibia con la jeringa, con movimientos suaves de empujar y aspirar, sin brusquedad. Y paciencia: dejar unos minutos entre intentos, para que el agua ablande lo que hay dentro. Muchos atascos ceden así.

Lo que no. Nada de meter alambres, guías ni objetos por dentro de la sonda: se puede perforar. Nada de refrescos de cola ni zumo de piña, dos remedios que circulan mucho y que no tienen respaldo; el zumo, además, puede cuajar la fórmula y empeorar el tapón. Y nada de insistir media hora: si tras varios intentos no cede, se llama, se valora y a veces hay que cambiar la sonda, que es un trámite normal y no un fracaso vuestro.

Y la prevención, que es lo que de verdad funciona: lavar con agua antes y después de cada toma y de cada medicación. La inmensa mayoría de los atascos que vemos vienen de lavados que se saltaron una noche de prisas, o de pastillas machacadas todas juntas.

La nariz, la boca y la piel que nadie mira

Son los cuidados que no aparecen en el informe de alta y los que más agradece la persona que lleva la sonda.

La nariz. Un tubo apoyado siempre en el mismo punto acaba irritando y puede llegar a hacer una úlcera. La fijación conviene revisarla cada día y cambiar el punto de apoyo del esparadrapo cuando toque renovarlo, para que la presión no caiga siempre en el mismo sitio. Si veis la piel roja, dolorida o con una herida, avisad antes de que vaya a más. La misma lógica que en las úlceras por presión: lo que salva la piel es cambiar el punto de apoyo.

La boca. Esta es la que más se olvida y la que más incomodidad quita. Alguien que no come por la boca tiene la boca seca, con mal sabor y a menudo con los labios agrietados, y eso no lo arregla la sonda. Limpiarla con suavidad dos veces al día, mantener los labios hidratados y ofrecerle lo que su pauta permita para la sequedad cambia mucho su día. Es la clase de cuidado que no cura nada y lo mejora todo.

El resto. Si además pasa muchas horas en la cama, vigilad los puntos de apoyo y la hidratación general. Todo esto va junto, y quien lo sostiene suele ser una sola persona de la familia: si es tu caso, léete el relevo del cuidador y el descanso sin culpa antes de que el cuerpo te pase factura.

Cuándo hay que parar y llamar

La mayoría de los días no pasa nada. Estos son los momentos en los que sí, ordenados por prisa.

Sonda nasogástrica · qué hacer en cada caso

Parar la toma y llamar al 112

  • Tos, atragantamiento o ahogo durante la administración.
  • Le cuesta respirar, se pone azulada o hace ruidos al respirar.
  • Se ha sacado la sonda y además tose o respira mal.
  • Fiebre alta con mal estado general en las horas siguientes a una toma.
  • Vómitos repetidos o sangre por la sonda.

Detén la administración inmediatamente, incorpórala y llama al 112.

No usar la sonda y consultar hoy

  • La marca no está donde estaba, hacia fuera o hacia dentro.
  • Se ha salido la sonda y la persona está bien —no la reintroduzcáis—.
  • Atasco que no cede tras varios intentos con agua tibia.
  • Herida o piel muy irritada en la nariz.
  • Diarrea o vómitos que se repiten con las tomas.

Llama a su enfermera o a su centro de salud hoy y no administres nada mientras tanto.

Coméntalo en la próxima visita

  • Molestia leve en la garganta o sensación de cuerpo extraño.
  • Dudas sobre alguna medicación o sobre la pauta.
  • Se acerca la fecha de cambio de la sonda.
  • Boca seca o labios agrietados.

Apúntalo en la hoja de la pared para no llegar a la visita con la lista en la cabeza.

Este semáforo ordena la prisa, no sustituye la valoración. Y la regla de oro cuando dudéis: no se usa la sonda y se pregunta. Saltarse una toma nunca ha hecho daño a nadie; usarla mal, sí.

Que no dependa todo de vosotros

Queda la parte que no aparece en ningún protocolo y que, en la práctica, es la que decide si esto se sostiene.

Una sonda en casa no son cinco minutos al día: son varias tomas, la medicación, los lavados, la nariz, la boca, la postura y estar pendiente. Y todo eso recae casi siempre sobre una sola persona, que además no ha elegido ese trabajo ni ha recibido formación para hacerlo. Que la primera semana os sintáis desbordados no significa que lo estéis haciendo mal: significa que os han dado un alta con diez minutos de explicación en un pasillo.

En duocare vamos a casa en toda la Comunidad de Madrid: para enseñaros la rutina con calma en vuestra propia cocina las primeras veces, para revisar la sonda y la piel de la nariz, para resolver un atasco sin que tengáis que ir a urgencias, o para hacer el seguimiento pautado. Es el cuidado de pacientes en casa, y si lo que necesitáis primero es que alguien mire la situación entera y os deje un informe por escrito, la valoración de enfermería. Vamos de ropa de calle y sin coche rotulado.

Nuestra hoja de la sonda

duocare · guía rápida

  • Antes de cada toma: manos limpias · incorporarla bien · mirar la marca · lavar con agua
  • Después: lavar con agua · dejarla incorporada un rato · apuntar la hora
  • Medicación: una cada vez, con agua entre medias. Nada triturado sin preguntar antes.
  • Si se atasca: agua tibia, suave, con pausas. Nunca forzar ni meter nada por dentro.
  • Parar y llamar al 112 si: tose, se atraganta, le cuesta respirar o vomita repetidamente
  • No usar y consultar si: la marca se ha movido, se ha salido la sonda o no se desatasca
  • Tomas de hoy: ☐ ______ ☐ ______ ☐ ______ ☐ ______ ☐ ______
  • Teléfono de su enfermera / centro de salud: ________________________
  • Fecha prevista de cambio de la sonda: ________

Dudas o cita: duocare · 614 78 75 46 · WhatsApp 24/7

Un cierre de enfermera, para dejarlo en su sitio. Nadie sale del hospital sabiendo hacer esto, y no pasa nada: se aprende en unos días y con la práctica deja de dar miedo. Quedaos con la marca, con la postura y con los lavados, que son los tres gestos que evitan casi todo, y con la regla de oro: ante la duda, no se usa y se pregunta. Y no os olvidéis de la boca, que es lo que más agradece quien no puede comer. Aquí tienes el resto de lo que hacemos en el blog de duocare.

Preguntas frecuentes sobre la sonda nasogástrica en casa

¿Cómo sé si la sonda está bien puesta?

En casa, la comprobación que sí está a vuestro alcance es la marca: la señal que lleva la sonda justo a la salida de la nariz. Si sigue en el mismo sitio y la persona está como siempre, todo apunta a que está en su sitio. La comprobación de referencia la hace personal sanitario aspirando contenido del estómago y midiendo su acidez con una tira, porque un pH ácido confirma que la punta está donde tiene que estar. Lo que ya no se acepta como método es meter aire y escuchar con el fonendo. Ante cualquier duda, no se usa la sonda y se llama.

Se ha atascado la sonda, ¿qué hago?

Lo primero es no forzar. Empujar con fuerza el émbolo de la jeringa puede reventar la sonda o desplazarla. Lo que se hace es intentar un lavado suave con agua tibia, con movimientos delicados de empujar y aspirar, y esperar unos minutos entre intentos para que el agua ablande lo que hay dentro. Si tras varios intentos no cede, se llama: hay que valorarla, y a veces hay que cambiarla. Y nada de meter alambres, guías ni objetos por dentro, ni recurrir a refrescos de cola o zumo de piña, que son remedios de internet sin respaldo.

¿Puedo triturar las pastillas y darlas por la sonda?

Algunas sí y otras no, y la diferencia importa mucho. Hay comprimidos con una cubierta que los protege del estómago o que hacen que el efecto se libere poco a poco a lo largo del día: al triturarlos se destruye ese mecanismo, y el resultado puede ser desde perder el efecto hasta recibir toda la dosis de golpe. Además, algunos preparados se apelmazan y son de las causas más frecuentes de atasco. Antes de triturar nada, preguntad a su médico o al farmacéutico, que muchas veces hay presentación líquida del mismo fármaco.

¿Se la ha arrancado, se la puedo volver a poner?

No. Colocar una sonda nasogástrica no es meter un tubo: hay que asegurarse de que baja por el camino correcto y no por la vía respiratoria, y esa comprobación necesita técnica y material. Si se la ha sacado, mantened la calma, no intentéis reintroducirla, no le deis nada por boca si tiene problemas para tragar y llamad para que la valoren. Si además tose, se atraganta o le cuesta respirar, eso es una urgencia.

¿Puede beber o comer algo por la boca teniendo la sonda?

Depende enteramente de por qué se la pusieron. Hay personas que pueden tomar ciertas texturas por boca y usan la sonda como apoyo, y hay personas a las que se les ha indicado no tragar absolutamente nada porque su deglución no es segura. Esa decisión la toma quien valoró la deglución, normalmente en el hospital, y viene escrita en el informe de alta. Si no os quedó claro, preguntadlo antes de ofrecer nada, aunque sea un sorbito de agua.

¿Cuánto tiempo puede llevar puesta la sonda?

Depende del material de la sonda y de la situación de la persona, y por eso no hay una cifra única: cada sonda tiene su recomendación y el equipo que la puso os debería haber dado la fecha orientativa del cambio. Lo que sí conviene saber es que la sonda nasogástrica está pensada como solución temporal. Cuando se prevé que la alimentación por sonda va a durar mucho tiempo, se valoran otras opciones más cómodas y con menos molestias en la nariz y la garganta. Es una conversación que merece la pena tener con su médico.

Contenido informativo revisado por una enfermera colegiada. No sustituye las indicaciones de tu equipo médico: ante cualquier duda sobre tu caso, consúltalas siempre.

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